¿Os acordáis del Ecce
Homo de Borja, o el más reciente Castillo de Matrera en Cádiz? Sin duda dos de
los casos más sonados respecto a lo desastrosa que puede llegar a resultar una
restauración cuando cae en manos, o en criterios, poco apropiados. Pese a ello no
todas las restauraciones son polémicas por su cuestionable carácter
histórico-artístico y casi consensuado dudoso gusto.
En otras ocasiones entra en
juego el papel de la obra de arte como
icono social, y por lo tanto, la imagen que gran parte de la población tiene en
su mente sobre esta. Es por ello que una restauración, y el cambio que se
produce en el imaginario colectivo dan mucho de qué hablar en algunas ocasiones.
Estos son los casos por ejemplo de obras
como El caballero de la mano en el pecho
de El Greco, presentada en 1996 por el Museo del Prado, a la que se acusó de
perder “gran parte de su misterio”, o la más reciente La Virgen, el Niño Jesús y Santa Ana de Leonardo da Vinci, restaurada
en 2010 por el Museo del Louvre, que parece tener “mucho brillo” para la
mayoría de sus espectadores.
Así pues, debemos cuestionarnos, que pasaría en el caso de
grandes obras de arte. Pongamos el caso de La
Gioconda, la obra maestra por excelencia. Su estado de conservación es cada
vez más delicado, por ello el museo del
Louvre tiene proyectada una restauración de la pieza magistral de Leonardo da
Vinci. Sin embargo es sabido que parte de su encanto viene dado por los tonos
crepusculares que ha ido adquiriendo a lo largo del tiempo, pero que, sin
embargo no forman parte de la obra original. Así pues, estos matices se
perderían.

Es aquí donde debemos preguntarnos, realmente, que es lo mejor
en estos casos en los que entra en conflicto la integridad de la obra y la
influencia que esa pieza tiene sobre la población. No debemos olvidar que
durante los últimos años el concepto museo-espectáculo se ha impuesto, y que en
muchas ocasiones se ha mirado más en beneficio de la propia institución y sus
usuarios que por el de la obra de arte. Y este sin duda, podría ser uno de los
motivos por los que no acaban de realizarse la restauración de obras de arte
tan icónicas. ¿Sino como se explica el hecho de que, una obra como La Gioconda del Prado, fuera restaurada
sin mayor polémica, y no haya ocurrido lo mismo con La Gioconda del Louvre? ¿Seriamos capaces de admirar del mismo modo
la obra que se encuentra en Francia si perdiera la imagen a la que nos tiene
tan acostumbrados? ¿o abriríamos la mente y nos percataríamos de la importancia
que tiene ver la pintura tal como fue concebida por su autor?. Así pues,
debemos encontrar un perfecto equilibrio, para que el espectador sea capaz de
admirar la obra, pero a la vez esta se encuentre lo más cerca posible de su
estado inicial y natural, manteniendo siempre así su veracidad.
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